martes, 17 de octubre de 2017

MISTERIOS

Esos poemas nuestros que nos convencen menos a veces son los que más gustan. Ya se sabe: mil veres, mil pareceres. Por eso hay que darlos. No todos los niños van a salir rubios con los ojos azules. Y también hay quien prefiere los morenos.

sábado, 14 de octubre de 2017

SPARKLEHORSE


Mark Linkous es el multinstrumentista que escondía su talento tras el nombre de Sparklehorse, banda inexistente como tal (siempre fue él con unos pocos colaboradores). Con su primer disco, Vivadixiesubmarinetransmissionplot (1995), llamó la atención de Radiohead, que le propusieron telonearles. Fue durante esa gira que, tras mezclar heroína, valium, alcohol y antidepresivos, Linkous permaneció catorce horas inconsciente en su habitación, con las piernas inutilizadas por el peso de su propio cuerpo. Ya en el hospital sufrió un paro cardiaco y los médicos le dieron por clínicamente muerto. A los dos minutos despertó, y aunque en silla de ruedas y tres meses después, salió de aquello, firmando otros tres discos en siete años y dos más en colaboración con otros pájaros raros como Danger mouse y Fennesz.

Linkous fue evolucionando del folk-rock raruno de sonido noventero a un pop electrónico con cuidados arreglos que lo emparentan con Eels o Clem Snide. Los contrastes entre temas de un mismo disco son tremendos. No podía, o no quería, estarse quieto en ningún lado. Las canciones más tranquilas, como este "Spirit dicht" que parece de cristal, se ven de repente enturbiadas por disonancias o interferencias. En "Cow", cuando parece que la canción va a terminar, a los tres minutos y medio, empieza una especie de improvisación sobre lo mismo que parecería una toma de grabación a descartar en la que no se sabe cómo concluir. Y el caso es que seguiríamos con ese rondón otros siete minutos. La fragilidad de la voz, como la del personaje, cautivaba. Ahí la fuerza de Sparklehorse, en su malhadada sinceridad. Y en que iba en serio. En 2010, Mark Linkous se suicidó disparándose en el corazón. 

 Sparklehorse: "Spirit dicht" (de Vivadixiesubmarinetransmissionplot,1995)

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jueves, 12 de octubre de 2017

POEMAS PEQUEÑO-BURGUESES DE JUAN BONILLA



Qué bueno es eso de que un libro que nos parece que está bien acabe estando muy bien, como se dice de estos Poemas pequeño-burgueses en Rayos y truenos. Me pasa con los poetas a bocajarro como él o José Luis Piquero. Enseguida ganaron mi simpatía detallazos como "el gol de Koeman", "el coñazo de Aleixandre" o esto de que “En mi favor cabrá decir al menos / que nunca, nunca, nunca / me referí a mí mismo en tercera persona.” Sobre los poemas, si a Máiquez le entusiasma “Mateo, 19, 24”, que está muy bien, yo prefiero “El día de regalo –borrador de un poema-”, “Epitafio de cualquiera” o “Paréntesis”.

También “La realidad no es todo lo que hay”, por este verso redondo: “que eres un yo que me hace tú a mí mismo”; y por el final: “Por debajo la sientes, vibra y fluye, / ajena al tiempo, nuestra vida.” Es manía mía preferir el endecasílabo para el último verso de los poemas, por parecerme más conclusivo. Así que habría terminado (qué morro esto de que te den el poema hecho y sólo tengas que glosar un verso, que es como comer a mesa puesta y mover un poco el vaso, por manía también): “Por debajo la sientes, vibra y fluye, / ajena a nuestro tiempo, nuestra vida.” O mejor aún: “Por debajo la sientes, vibra y fluye, / ajena a nuestra vida, nuestra vida.” Claro que Juan Bonilla es de los que parecen evitar lo convencional poético, como pueda ser el juego conceptista o una métrica adormecedora. Dicho esto, olvídese la especulación y quede la recomendación.

martes, 10 de octubre de 2017

domingo, 8 de octubre de 2017

SUEDE

 
Suede fue de esos grupos que tuvieron, como suele decirse, el mundo a sus pies, que es casi lo peor que le puede pasar a nadie, como se vería. El choque de egos entre Brett Anderson y Bernard Butler se saldó con un parón de siete años y la marcha del grupo del segundo. Eran los años del Britpop. Ante el supuesto duelo entre Oasis y Blur, ellos iban a lo suyo, que era sacar singles que de inmediato se convertían en himnos para toda una generación, la de los 90: Animal nitrate, Beautiful ones, Trash... Pero es su vena sentimental, a menudo maltratada en unos conciertos generosos en payasadas, la que les convertía en otra cosa. Véase Everything will flow o este Saturday night con su final glorioso. Si alguien con 20 años ha escuchado ese juego de voces sin emocionarse es que iba para registrador de la propiedad.

Suede: "Saturday night" (de Coming up, 1996)

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Aquí en directo.

miércoles, 4 de octubre de 2017

LAS ILUSIONES




Estaba la tarde muy mala para vendimiar, con un calor pesadote, sin pizca de aire. Ya no sabía si era mejor quitarme la gorra o dejarla puesta. Con el sol mayormente en el cogote y la visera hacia atrás, era escoger entre cangrejada en el occipucio o sudada caribeña. No está bueno el año. Mi suegro lo advertía cada vez que le preguntaba. “Buah, de esta… nada”. Como es la canción de cada año, yo no me creía una palabra, pues sobre el terreno, puestos en faena, siempre acabo oyéndole: “Pues el caso es que no está mala la viña, hay buenos racimos, sí”. Pero esta vez iba en serio. Donde el año pasado cogimos 9 cajas, este sacamos 2. La causa, una helada pavorosa en mayo y la falta de lluvias.
Éramos él y yo mano a mano, y eso lo hace menos entretenido. Que se cogiera menos uva no lo hacía más descansado. Al contrario: coge el canasto medio lleno y pósalo junto a una cepa con dos colgajos, vuelve a cogerlo hasta la siguiente, con medio racimo, y a posarlo, y así. Tampoco es cuestión de dejar los colgajos, pues si ya hay poco y no se cogen…, a más que “cuatro colgajos hacen un racimo”. Para más inri, los tallos estaban verdes, con lo que había que usar el garillo, lo que lo hace más lento. Y no me quejo más, que veo que mi suegro me está inculcando el fatalismo amarrategui del hombre del campo.
Yo tenía esa tarde una ilusión. No quería pensar en ello, pero esperaba una llamada. Sin embargo, a cada linio que caía iba viendo que no sería para mí. Entonces sonó el teléfono. No era la llamada que esperaba, pero daba cuenta de otra más limpia ilusión. “Sergio, hola, soy Clara”. Era mi alumna, esta alumna. Estaba eufórica porque le habían propuesto cantar con la guitarra algunas de sus canciones como telonera de un grupo. Llamaba por si me apetecía ir. Al guardar el móvil en el bolsillo, vi que había en la cepa que estaba vendimiando un pequeño nido con dos huevos sin abrir. Era una obra perfecta. Absorbido por mi preocupación, estaba cogiendo las uvas sin advertir en aquella maravilla que tenía a unos centímetros, en ese poema redondo. Qué derecho tenía a quejarme, yo que ya me daba a la dulce homilía de la autoconmiseración, ante aquellas dos vidas malogradas antes de ver la luz, ante tantos anhelos ahogados. Ahí había un poema, qué duda cabe, y vi entonces que no vale menos un poema que un libro.



sábado, 30 de septiembre de 2017

LIV

Hablamos de LIV, el supergrupo de Lykke Li, aquí. Ya son cuatro los singles avanzados de su inminente disco de debut, entre ellos dos sobresalientes, el antes enlazado "Dream awake" y este delicadísimo "Hurts to liv". Cuenta la cantante sueca que la canción está dedicada a su madre y al padre de su pareja, también miembro del grupo, fallecidos casi al tiempo que nacía su primer hijo. De ahí su sabor agridulce. Contra la habitual manera de crecer de las canciones, por adición, aquí los instrumentos y sus sonidos se van retirando con elegancia hacia un silencio en el que el dúo de voces repite obsesivamente la más dolorosa de las verdades del barquero: "Sometimes we forget to live and be in love 'cause it hurts to live".

LIV: "Hurts to liv" (single, 2017)

miércoles, 27 de septiembre de 2017

EL FÉNIX DE LOS INGENUOS (DONDE EL AUTOR SE QUEDA A GUSTO CON LOS POETAS DE TWITTER)



Escucho, mientras desayuno, una entrevista en Radio 3 a una poeta de moda. Tanto que en no sé qué instituto han decidido que uno de sus libros sea lectura obligatoria. Reediciones, entrevistas, su guisote desplazando de la programación no sé si a Bécquer o a Lope… Pero por lo visto le parece poco: pide más ayuda a las instituciones apelando a la “democratización” de la que se ha beneficiado la poesía al ponerla al alcance de todos en las redes sociales. ¿Se ha beneficiado la poesía? Elvira Sastre, que así se llama este nuevo Fénix de los Ingenuos, habla en serio, no se adivina en sus peroratas asomo de cinismo. Sin duda se tiene por poeta. Si no, ¿cómo se entendería su presencia en cuantos festivales de poesía en el mundo han sido y son? ¿Pensarán todos estos que sacan libros como churros, echándolos a veces a pares como los chorongos, en lo que pensará el poeta genuino, ese corredor de fondo que sabe y acepta que la poesía no puede dejar de ser minoritaria?
Sigue la entrevista. Sobra decir que la poetisa no perdona tópico, pero me gusta oírlos, porque los dice con el arrobo de quien estuviera convencida de ser la primera que desgrana tales vislumbres. Tampoco se le cae de la boca el atenuante “un poco”, por si acaso. Para terminar, recita uno de sus pestiños. Lo he buscado en internet para acabar antes, pues se comenta por sí solo, pero no he dado con él. No importa, sobran ejemplos no menos ilustrativos, y leído uno, leído ciento. Vean si no (prescindo, por indiferente, de la separación de los supuestos versos): “A ti podría decirte que para mí cualquier lugar es mi casa si eres tú quien abre la puerta.” “Eres lo más bonito que he hecho por mí.” “He soñado tanto contigo que verte es como seguir dormida.” Tengo que revisar las carpetas del instituto, y las de 7º y 8º de EGB, porque debe de haber decenas de potenciales poemas superventas.
Decíamos que este punto de inflexión en las letras hispánicas leía una de estas cosas. Mis bufidos a cada ataque de vergüenza ajena deben de molestar a Sara, que está haciendo la comida de las niñas. Cuando acaba el dizque poema, mi señora aventura: “Pues no está tan mal”. A esto le siguen unos segundos de silencio sólo rasgados por la guitarrilla que acompaña a la voz y mi cruasán goteando sobre la leche, a medio camino de mi boca. Demasiado silencio debió de parecerle, pues aún preguntó: “¿No?” “¿Tú también, hija mía?”, pensaba sombrío mientras reconducía mis esperanzas a las criaturas, en la fe de que, cuando estén en disposición de leer poesía, de todo este poblado de casas prefabricadas no queden ni las ruinas. (Tampoco en esto soy optimista).