martes, 15 de noviembre de 2011

OÍDO OBSOLETO

Salgo del conservatorio con la cabeza como un bombo. Cuesta creer, visto lo poco que practican los alumnos, que sea ésta una enseñanza voluntaria. Vienen a clase con las manos vacías, perdida la semana. Les falta decir: Aquí estoy, enséñame.

¿Pero estás seguro de que te gusta la flauta? –pregunto a veces a alguno.
Sí –contesta. Como el alumno vago se vuelve temeroso y hay que sacarle las palabras con gancho, insisto:
–Y sin embargo ¿no te gusta estudiar la flauta? -Silencio.

Al salir, escuchamos las cornetas que ensayan junto al campo de fútbol la música que acompañará a los pasos de la Semana Santa. Un compañero se mofa a costa de su desafinación y su “oído obsoleto”. A mí me parece admirable que, a cinco meses para la Pascua, queden a las nueve de la noche llueva o truene, sin faltar un día, para practicar sus tres melodías. Si tuvieran nuestros alumnos la mitad de su entusiasmo y su fuerza de voluntad, otro gallo nos cantaría.

No hay comentarios:

Publicar un comentario