miércoles, 9 de mayo de 2012

RECUERDO INFANTIL, I

Qué innato, el espíritu comercial. Con los mocos todavía colgando, cómo se las apaña el imberbe para obtener rédito de cualquier situación. Recuerdo la primera colección de cromos que completé. Era la de la liga 81-82. Cuando íbamos al rastro los domingos, entre todos los puestos que copaban los soportales de la plaza, había dos puntos de ineludible visita: el tramo enfrente del cuartel de la policía municipal, donde se vendían cachorros de perros y gatos que, en espera de hogar, gemían su incertidumbre en cajas de cartón, y la esquina del Quijote, por donde siempre pululaban algunos chicos, normalmente mayores que yo, con tacos enormes de cromos (algunos con dos o tres) que les llenaban manos y bolsillos, confiriéndoles una respetabilidad rayana en la veneración. La pregunta que les hacía era siempre la misma: “¿Cuáles te faltan?” Si tenía yo alguno de los que decía, el chico estaba dispuesto a dar por él, si se le apretaba, un taco entero, que al día siguiente, en el colegio, cambiaba por otros cromos (sipi, sipi, sipi, nopi, sipi...) o por chapas o canicas. Con todos estos trueques y cambalaches, el recreo tenía algo de feria.

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