sábado, 30 de septiembre de 2017

LIV

Hablamos de LIV, el supergrupo de Lykke Li, aquí. Ya son cuatro los singles avanzados de su inminente disco de debut, entre ellos dos sobresalientes, el antes enlazado "Dream awake" y este delicadísimo "Hurts to liv". Cuenta la cantante sueca que la canción está dedicada a su madre y al padre de su pareja, también miembro del grupo, fallecidos casi al tiempo que nacía su primer hijo. De ahí su sabor agridulce. Contra la habitual manera de crecer de las canciones, por adición, aquí los instrumentos y sus sonidos se van retirando con elegancia hacia un silencio en el que el dúo de voces repite obsesivamente la más dolorosa de las verdades del barquero: "Sometimes we forget to live and be in love 'cause it hurts to live".

LIV: "Hurts to liv" (single, 2017)

miércoles, 27 de septiembre de 2017

EL FÉNIX DE LOS INGENUOS (DONDE EL AUTOR SE QUEDA A GUSTO CON LOS POETAS DE TWITTER)



Escucho, mientras desayuno, una entrevista en Radio 3 a una poeta de moda. Tanto que en no sé qué instituto han decidido que uno de sus libros sea lectura obligatoria. Reediciones, entrevistas, su guisote desplazando de la programación no sé si a Bécquer o a Lope… Pero por lo visto le parece poco: pide más ayuda a las instituciones apelando a la “democratización” de la que se ha beneficiado la poesía al ponerla al alcance de todos en las redes sociales. ¿Se ha beneficiado la poesía? Elvira Sastre, que así se llama este nuevo Fénix de los Ingenuos, habla en serio, no se adivina en sus peroratas asomo de cinismo. Sin duda se tiene por poeta. Si no, ¿cómo se entendería su presencia en cuantos festivales de poesía en el mundo han sido y son? ¿Pensarán todos estos que sacan libros como churros, echándolos a veces a pares como los chorongos, en lo que pensará el poeta genuino, ese corredor de fondo que sabe y acepta que la poesía no puede dejar de ser minoritaria?
Sigue la entrevista. Sobra decir que la poetisa no perdona tópico, pero me gusta oírlos, porque los dice con el arrobo de quien estuviera convencida de ser la primera que desgrana tales vislumbres. Tampoco se le cae de la boca el atenuante “un poco”, por si acaso. Para terminar, recita uno de sus pestiños. Lo he buscado en internet para acabar antes, pues se comenta por sí solo, pero no he dado con él. No importa, sobran ejemplos no menos ilustrativos, y leído uno, leído ciento. Vean si no (prescindo, por indiferente, de la separación de los supuestos versos): “A ti podría decirte que para mí cualquier lugar es mi casa si eres tú quien abre la puerta.” “Eres lo más bonito que he hecho por mí.” “He soñado tanto contigo que verte es como seguir dormida.” Tengo que revisar las carpetas del instituto, y las de 7º y 8º de EGB, porque debe de haber decenas de potenciales poemas superventas.
Decíamos que este punto de inflexión en las letras hispánicas leía una de estas cosas. Mis bufidos a cada ataque de vergüenza ajena deben de molestar a Sara, que está haciendo la comida de las niñas. Cuando acaba el dizque poema, mi señora aventura: “Pues no está tan mal”. A esto le siguen unos segundos de silencio sólo rasgados por la guitarrilla que acompaña a la voz y mi cruasán goteando sobre la leche, a medio camino de mi boca. Demasiado silencio debió de parecerle, pues aún preguntó: “¿No?” “¿Tú también, hija mía?”, pensaba sombrío mientras reconducía mis esperanzas a las criaturas, en la fe de que, cuando estén en disposición de leer poesía, de todo este poblado de casas prefabricadas no queden ni las ruinas. (Tampoco en esto soy optimista).

domingo, 24 de septiembre de 2017

CUADERNO, QUÉ DIRÁS... Y II



No sé qué será, lo fácil es pensar en el cansancio. Pero no sé. ¿Voy a estar cansado toda la vida? El caso es que se ve uno cada vez más embotado, como con sueño siempre, como si le hubiera caído delante un velo que no consigue apartar. También, y me duele confesarlo, menos escrutador de nubes y más pendiente y dependiente del móvil. Da vergüenza decirlo, pero cuántas horas se van en los Apalabrados, Dr.Chess y otras adicciones (al menos no me ha dado por las redes sociales).
Sacar un tiempo casi todas las noches para escribir. Lo que sea. La experiencia me dice que siempre sale algo. Fatigar un cuaderno feo como este, un Moleskine negro y grandote, de tapa blanda y con la raya demasiado marcada. Y escribir guarro, rápido, con todas las abreviaturas con que me entiendo (dejemos la caligrafía para el verso), tachando más, hablando conmigo de lo que sea, sin temerle a la confesión, al diario de verdad, al diario-diario. Empecemos pues.
Bajo a los columpios de casa con las niñas, que en julio hicieron los dos años. Llevo a la espalda la mochililla con los cubos, las palas y demás telares, en una mano el triciclo tándem y las dos motos en la otra. Dos madres hablan sentadas en un banco mientras sus niñas chospan en el balancín. Hay otra criatura en un cuco. Laura y Andrea, según costumbre, van directas al tobogán. Por fin puedo sentarme un rato y mirar en el móvil, también según costumbre, la web de El mundo deportivo. Dembélé se ha lesionado y me preocupa el tiempo de recuperación. Me llegan las frases de las mujeres. Una, con una cría, es la típica que parece la primera madre de la Historia de la Humanidad, como si todos debiéramos estarle agradecidos por su esfuerzo (tengo observado que al ser madres muchas mujeres entontecen). Si bien yo me referí en un poema a la paternidad como el más alto destino, no es algo heroico. No debe serlo. Hablo, naturalmente, en genérico. Para mayor regocijo de mis oídos, su acompañante apuntilla: “Pues imagínate con dos”. Se me hace odioso ese quejarse así de un don. No hay que quejarse nunca, me repito, aunque me temo que a menudo no predico con el ejemplo.
Ya vamos haciendo, siendo, sí, todo aquello que criticábamos (no siempre con razones), desde el móvil hasta las charlas de padres a pie de columpio. No me extrañaría que acabara con perro, yo que me reía de los que trababan conversación en las expediciones defecatorias de sus tusos (unidos por sus heces, llegué a escribir), igual que me veo, a pie de columpio, dando vueltas día sí día también a la noria de la siesta y el pañal, los dientes y la lengua de trapo, el maxi-cosi y la guardería. En fin, es lo que toca.
Propósitos... Le nacen a uno, profesor, a cada inicio del curso, y acaso es eso lo que hace de septiembre el mes más dulce. Que no falte la letra... ni la música.

13 & God: "Men of station" (de 13 & God, 2005)

jueves, 21 de septiembre de 2017

CUADERNO, QUÉ DIRÁS, I



El viaje es el recreo de la vida. Y tiene a su vez su recreo, que es el tiempo en que nos despedimos del grupo (da igual que sean familia o amigos) y quedamos solos. Es en esas horas cuando podemos de verdad hablar con la ciudad, mirar sin prisa a sus gentes, gustar el pan de lo cotidiano.
Habiéndonos despedido en Chiado, lo inmediato era visitar la que dicen librería más antigua del mundo, Bertrand, recorrer despacio sus sucesivas salas para volver luego hasta el expositor de Paper blank. El último cuaderno salió tan bueno que se ha ganado el descanso junto a los que vieron criarse a los poemas de los otros dos libros, y no porque no le quepan más al cuaderno, sino porque no le convienen más al libro: No lo toques ya más… Algunas libretas eran poco prácticas, con cierres de floritura, demasiado bonitas. Escogí una más pequeña, en octavo, acaso por ese prurito no sé si antinatural de pretender poemas más breves. Los poemas necesitan el espacio que necesitan, ellos son el espacio. Yo sólo tengo que proporcionarles el lugar y el momento y dejarles hablar y ser. Nada más coger el cuaderno, en el mismo lugar donde tan buenas horas echara Pessoa, ya me veía alumbrando los versos que el mundo necesita y, en justicia, recibiendo los más altos parabienes. Sin embargo la Providencia, que es sabia, quiso que en la cola para pagar me precediera un hombre que encargaba los libros de texto. Diez minutos después, que se me hicieron más largos que 90 en el Bernabéu o 5 en el Reino de León, ya me recitaba, despacio como manda tan sabio endecasílabo, aquel verso de Ezequiel Martínez Estrada: despacio, despacio, despacio. Diéresis muy dura, diría mi amigo don Rodrigo Olay, pero…
Ya me tocaba y me volví a venir arriba. Y eso que la cajera, hermosísima como cuadra a cualquier relato, ni me miró a los ojos. Sin duda no se daba cuenta de la aportación que hacía a la historia de la literatura sólo con venderme aquel artículo. Daba igual, pues ya tenía en mente el próximo movimiento: desde la acera de enfrente me llamaba otro paraíso con otro aún más refinado sabor, el de los libros viejos y su promesa de hallazgo. El dueño de Sá da Costa me mostró de la manera más sutil la diferencia entre un librero y un vendedor de libros sólo con mirar el volumen que le alcanzaba, la poesía completa de Miguel Torga: me miró mientras asentía de manera casi imperceptible. Eso se llama fraternidad, y no hace falta más.
Me senté en un banco de la plaza Camoes y abrí el libro al azar. ¿Al azar? ¿Qué mano que guía nuestra mano nos pone en los ojos ese poema que ya será el que más nos guste de su autor, y no por la situación, sino por ser el más hondo, el mejor?
                                                                                    
           MEDIDA

Juego contra el destino.
Cada minuto, cada desafío.
Libre en este baldío
de humana libertad,
arriesgo la conciencia de mis actos
en la ruleta de la suerte.
El triunfo o la derrota no me importan.
No vale ningún triunfo lo que el sol que lo dora,
y ninguna derrota lo es ante la muerte
que tenemos segura.
Tan sólo quiero la revelación
de que puedo y no puedo,
sin poder nada. Aprendo
a saber mi tamaño
por la manera como pierdo o gano.

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MEDIDA

Jogo contra o destino. / Cada minuto, cada desafio. / Livre neste baldio / Da liberdade humana, / Arrisco a consciência dos meus actos / Na roleta da sorte. / O triunfo e a derrota não me importam. / Nenhum triunfo vale o sol que o doira, / E nenhuma derrota o é na morte / Que temos certa. / Quero apenas fazer a descoberta / Do que posso e não posso, / Sem poder nada. / Aprendo a conhecer o meu tamanho / Pela maneira como perco ou ganho.